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EL HOMBRE Y SU RELACION CON EL MEDIO AMBIENTE

La relación del ser humano con la naturaleza no ha mantenido un patrón  constante en el transcurso del tiempo. Sin duda alguna la interacción entre los primeros homo sapiens y su ecosistema no es la misma que tienen hoy los habitantes globalizados de este planeta con su medio. De acuerdo con lo desarrollado por diversos teóricos, se pueden distinguir al menos dos formas de caracterizar las diferentes etapas en las que se divide la relación antes mencionada.

Una primera aproximación es la realizada por Georgescu-Roegen (1975) en la cual el autor distingue un hecho particular como el punto de inflexión en el vínculo entre el hombre y su medio. Dicho hecho fue el desarrollo de instrumentos exosomáticos, lo que derivó en grandes transformaciones en este vínculo. El ser humano disponía en un principio sólo de instrumentos endosomáticos: sus piernas, brazos y manos, principalmente; pero, con el correr de los años fue desarrollando instrumentos exosomáticos (herramientas, armas, medios de transporte, entre otros) que le permitieron explotar la naturaleza de manera más intensiva y, lamentablemente, más destructiva.

Una segunda aproximación, que indudablemente complementa a la anterior, consiste en dividir la historia en varias etapas:

La primera se extiende desde el origen del ser humano hasta el desarrollo de la agricultura; la segunda abarca el progreso de la agricultura hasta el descubrimiento de América; la tercera incluye el período entre el descubrimiento de América (o más precisamente el desarrollo del comercio marítimo) y la revolución industrial, y la cuarta comprende desde la revolución industrial hasta el comienzo del fenómeno conocido como globalización, que podría situarse a mediados del siglo XX, y que constituye la quinta y última etapa.

Por ellos nos centraremos en las dos últimas etapas, el hombre es esencialmente un recolector y luego cazador. Tiene una relación de armonía con su medio en la que sólo toma de éste lo necesario para su subsistencia diaria, es decir, es un trato sustentable.

El ser humano no interrumpe el ciclo natural normal y permite que el medio se recupere. Una vez que el hombre perfecciona la actividad agrícola, su relación con la naturaleza cambia rotundamente debido a que le es posible acumular, o sea, obtener más sustentos del medio de los que son necesarios para vivir en su presente. Comienza así una etapa de explotación más intensiva de los recursos naturales, a tal punto que ya no busca lo necesario para vivir, sino que busca acumular más de lo necesario generando la explotación de los recursos naturales, así como la generación de pérdidas de la fertilidad de la tierra que empezaron a crear inconvenientes y generar conflictos en los pobladores.

Es por ello que se requiere de una explotación responsable de los recursos naturales, bajo medidas de controles y normas que garanticen el cuidado de nuestra madre Tierra.